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11 -- Miel de abejas, endulzante y vitalizante


Composición: En un 70-80% son azúcares simples (fructuosa y glucosa), predigeridos por el aporte enzimático de la abeja. Pero la riqueza nutritiva y terapéutica de la miel está en el resto de sus componentes. Tiene muchos minerales (potasio, fósforo, magnesio, etc.) y sobre todo microminerales (unos 30 oligoelementos), aminoácidos (17), ácidos orgánicos, aminas (acetilcolina), enzimas, vitaminas y un poderoso antibiótico natural (inhibina) que le confiere sus conocidas propiedades conservantes y desinfectantes.

Propiedades nutricionales: Es un endulzante natural, sin procesos de refinación (como el azúcar) y sin conservantes (como las mermeladas) que bloquean la asimilación de minerales en el organismo. Por su composición equilibrada, la miel resulta de fácil asimilación y aporta una gran riqueza de elementos al organismo. Allí radica la gran diferencia con el azúcar refinado (sacarosa), que -siendo un azúcar compuesto, privo de enzimas y oligoelementos- consume reservas del organismo para poder ser asimilado y genera fermentaciones intestinales. Por eso la miel es aconsejada para deportistas (permite una rápida recuperación frente al esfuerzo con menor evidencia de fatiga), personas de digestión lenta, adolescentes, tercera edad, etc. También incrementa la resistencia al cansancio psicofísico en períodos de intensa actividad. Además mejora la asimilación del calcio y aumenta los glóbulos rojos, siendo recomendable para estados de crecimiento, anemias, fracturas, menopausia, osteoporosis, etc. La miel es el azúcar mejor tolerado por los diabéticos -con prescripción médica para el consumo limitado de dulces- al no provocar sobreabundancia de azúcar en sangre: porque la glucosa pasa al tejido muscular y la fructuosa se metaboliza lentamente a través del hígado.

Aparato digestivo: Por acción de la acetilcolina, la miel mejora la secreción de jugos gástricos y estimula el peristaltismo (de allí su blanda acción laxante). Por otra parte sus enzimas aumentan el poder digestivo, evitan fermentaciones y -con la ayuda de la inhibina- controlan la flora bacteriana del tubo digestivo. La miel ayuda a la cicatrización de úlceras, debiéndosela ingerir en ayunas y bien ensalivada. También es un excelente protector hepático, dado que la fructuosa estimula su metabolismo y desintoxica; de allí su empleo para el tratamiento de alcohólicos. Asimismo la miel tiene un suave efecto diurético y antiséptico.

Vías respiratorias: Es conocido su efecto expectorante, calmante de la tos y estimulante de la secreción bronquial. En este campo es clave la acción bacteriostática de la inhibina.

Sistema circulatorio: Por efecto de la glucosa, es importante su acción energética para la musculatura cardiaca. Recientes estudios demuestran que la miel estimula la producción de fosfatos orgánicos, responsables de la regulación del ritmo y del riego coronario. De allí que la miel sea indicada para problemas de corazón, como la angina de pecho.

Dermatología: Desde la antigüedad se conoce el efecto antiséptico y cicatrizante de la miel, regenerando y desinfectando heridas, llagas y quemaduras. También aquí la inhibina juega un rol fundamental. Además la miel es emoliente de la piel, usándosela en cosmetología.

Sistema nervioso: Es marcado el efecto calmante de la miel, sobre todo en casos de insomnio, fatiga nerviosa, estrés y depresión. Mucho tiene que ver su contenido en magnesio, un conocido relajante muscular.

Contraindicaciones: Deben abstenerse de la miel los diabéticos insulínicos y los bebes menores de 6 meses. En este último caso se trata de una medida de prevención para evitar casos de botulismo, cuya espora -presente en la miel como en muchos otros alimentos- no puede ser neutralizada en el aparato digestivo hasta los 6 meses de edad.

Cuidados: La miel debe mantenerse al reparo de luz, calor y humedad por ser fotosensible, termosensible e higroscópica. Para garantizar la suma de propiedades arriba enunciadas, es fundamental que la miel no haya sido calentada en ninguna de las fases del procesamiento. Lamentablemente esto ocurre con frecuencia, sobre todo con la aparición de las mieles pasteurizadas. Este es un absurdo deterioro que sufre la miel, con el único objetivo de mantenerla líquida todo el año, dado que en estado natural cristaliza a 14ºC. A más de 40ºC se inactivan la mayoría de las sustancias vitales de la miel (enzimas, vitaminas, inhibina, etc.), conservándose sólo los azúcares y los minerales. Esto explica porqué muchas mieles provocan acidez, cuando en realidad la miel debe generar una reacción alcalina en el organismo.

Consumo: Su dosificación es muy variable y depende de muchos factores, pero siempre se aconseja ingerirla a temperatura ambiente para gozar de sus numerosos beneficios. Cuando es calentada en preparaciones culinarias (dulces, tortas, etc.) pierde muchos componentes vitales, aunque siempre resulte preferible al azúcar refinado. Usada para endulzar líquidos calientes, su deterioro es mínimo, aconsejándose incorporarla sólo un instante antes de la ingestión.

La miel que ofrecemos es una miel pura multifloral de monte (altas cumbres de Córdoba, donde no se desarrolla la agricultura), sin agrotóxicos.

12 -- Maca, raíz energizante


En los últimos tiempos, muchas raíces y plantas de origen totalmente natural están siendo revalorizadas por la fitoterapia, las terapias alternativas e incluso la medicina tradicional. Y es que las sabidurías milenarias dejaron un legado, y sólo se trata de indagar en él para apreciar su sabiduría. La maca es una planta que crece en los Andes centrales de Perú y fue una de las primeras raíces que consumieron en el período incaico, por sus propiedades energizantes y nutritivas.

Tubérculo andino, usado antiguamente por los incas como alimento, pero sobre todo como estimulante sexual y para aumentar la fertilidad. Modernos estudios confirman estas y otras propiedades del llamado “ginseng andino”. Es muy rico en proteínas (contiene 18 de los 20 aminoácidos), minerales (calcio, magnesio, fósforo, hierro, potasio, silicio, zinc, yodo y otros importantes oligoelementos) y vitaminas (A, B1, B2, B3, B6, C y E). Recompone el equilibrio físico y mental, mejora el manejo del estrés, actúa como antidepresivo natural, estabiliza la presión arterial, mejora la función tiroidea (hipotiroidismo), es afrodisíaco y aumenta la fertilidad, estimula la inmunidad, alivia trastornos climatéricos, equilibra desórdenes hormonales, calma dolores premenstruales y regula el ciclo. Útil en anemia, osteoporosis, convalecencias, debilidad o fatiga, impotencia, anorgasmia, premenopausia, menopausia y posmenopausia, dolores articulares, hipotiroidismo y falta de memoria.

La raíz posee sustancias naturales que estimulan el sistema endócrino: activan la pituitaria y el hipotálamo, y estas glándulas, a su vez, ponen en actividad los ovarios, las adrenales, los testículos, la tiroides y el páncreas, lo que mejora su funcionamiento. Posee zinc, que es un poderoso antioxidante, muy importante para prevenir y evitar la caída del pelo. Por su alto contenido en hierro y calcio, estimula la formación y maduración de glóbulos rojos, lo que, a su vez, estimula las buenas defensas. Por sus alcaloides, favorece la formación y mantenimiento de los huesos y los dientes. Además, ayuda en el proceso de coagulación sanguínea y el buen funcionamiento del corazón.

La presencia de ciertos aminoácidos favorece su función antiestrés y antidepresiva. Además aumenta el flujo sanguíneo y tiene una acción vigorizante de la zona pélvica en ambos sexos. De ahí proviene su fama de aumentar la libido y el apetito sexual. Contiene un aminoácido que interviene en la fertilidad masculina, activando la formación y movilidad de los espermatozoides. Este aminoácido favorece la generación de óxico nítrico, un poderoso antioxidante general del organismo y particularmente utilizado para solucionar la impotencia masculina. Para lograr beneficios en relación a esto último, es necesario su consumo durante un mínimo de tres meses.

Se la ha incluido en la alimentación de los astronautas, ya que aumenta la concentración y los reflejos y disminuye la fatiga.

Consumo

Su presentación es la raíz molida, se puede adicionar a comidas como un condimento, a jugos, desayunos o al mate. Se recomienda consumir 2-3 cucharaditas de té por día, repartidas en dos ingestas.

Recetas con maca


* Jugo energético


Ingredientes:

1 manzana

1 taza de arándanos

Agua

1 cucharada de postre de maca

Miel a gusto

Preparación:

Licuar la manzana y la tasa de arándanos, con 200 cm de agua y la maca en polvo. Endulzar con miel a gusto. Ideal para deportistas.


*Desayuno de avena


Ingredientes:

4 cucharadas de avena arrollada fina

2 cucharadas soperas de semillas de sésamo integral (idealmente molido)

4 almendras picadas o molidas

2 manzanas o 1 manzana y 1 pera u otra fruta de estación, excepto cítricos, melón y sandía

1 cucharada de levadura de cerveza virgen

1 cucharada de maca en polvo

Miel o azúcar mascabo a gusto

Preparación:

Colocar en un recipiente todos los ingredientes secos. Hidratar con agua como para obtener una crema homogénea. Mezclar bien e incorporar las frutas cortadas. Endulzar a gusto y volver a mezclar.


*Mate energizante


Ingredientes:

Yerba orgánica

1 cucharadita de maca en polvo

Té verde en hojas o en hebras

Preparación:

Poner yerba hasta la mitad del mate. Agregar 1 cucharadita de maca y otra de té verde. Completar con yerba y cebar.


13 -- Parasitosis: la "nueva" epidemia olvidada


Si tenemos una mascota, la llevaremos al veterinario y seguro nos aconsejará desparasitarlo cada tres, cuatro o seis meses, dependiendo el hábitat. En las sierras de Córdoba, y otras partes del mundo, dos veces en el año las liebres y otros mamíferos comen hierbas amargas, como el ajenjo, la altamisa u otras, para desparasitarse. Un perro, en el pueblo o el campo, come pastos amargos para purgarse y desparasitarse al mismo tiempo.

Cuarenta años atrás si usted iba al médico le aconsejaba desparasitarse en cualquier visita anual. ¿Qué pasó en los últimos tiempos? ¿Desaparecieron los parásitos y sólo existen virus y bacterias? ¿O será que las infecciones parasitarias no convienen de tratar? ¿O que simplemente se pasan por alto por falta de diagnóstico?

También hay que aclarar que en Argentina existen pocos especialistas en parásitos y en otros países están en extinción (no los parásitos sino los especialistas en esta pandemia, que cada año limita la vida de millones de personas y aún mata a millones más). Intereses creados y mucho dinero de por medio serán los que expliquen semejante dejadez por parte de las autoridades competentes…

Mientras tanto se sabe que una persona desparasitada es menos propensa a todo tipo de enfermedades, que en los lugares donde se han realizado desparasitaciones planificadas, se obtuvieron mejorías enormes en rendimiento laboral e intelectual, menor índice de trastornos nerviosos y emocionales, etc.

Pareciera que desparasitarse lo hace sentir mejor a cualquiera y se enferma menos la población (¿explicará esto la tendencia mundial en el ámbito de la salud pública y privada a desatender las parasitosis?). O tal vez ese horrendo mito de que sólo los pobres y los países del tercer mundo tienen parásitos. Horrendo y desacertado: todos estamos expuestos a nuestros depredadores, los parásitos.

Sin pretender extendernos demasiado, aclararemos algunos conceptos básicos referidos al tema en cuestión. Los parásitos son los organismos vivos más antiguos del planeta, viven de otros organismos (hospedador) del cual obtienen todos sus nutrientes, sin aportarle beneficio alguno. Este último intentará destruirlo a través de su sistema inmunológico, dando como resultado una verdadera batalla entre antígenos y anticuerpos que se puede extender desde pocos días hasta toda una vida. El parásito no mata al huésped, pues él también moriría, pero lo enferma quitándole el suministro energético (glucosa) y otros nutrientes importantes como aminoácidos, minerales, vitaminas, hormonas, etc.

Pero el sistema inmunológico del ser humano no siempre triunfa en esta batalla, ya que los parásitos lo pueden confundir cambiando la producción de antígenos permanentemente o mimetizándose con células del hospedador. O pegando las células defensivas de éste a la capa externa del cuerpo del parasito, mientras “cambia” su piel y aprovecha para seguir su camino rumbo a estratos más profundos del hospedero, allí donde pueda sobrevivir y reproducirse con más tranquilidad. Todo esto dependerá si se trata de protozoos (parásitos unicelulares, como las amebas) o metazoos (helmintos o gusanos, como oxiuros o áscaris). Tanto tiempo llevamos en esta lucha que ya tenemos genes enfermos por parásitos, los cuales se trasmiten de generación en generación, por ejemplo el gen de la anemia falciforme en zonas de malaria.

Y si ya todo esto le parece serio y se pregunta porque no existen planes de prevención y tratamiento de las parasitosis, agreguemos que la mayor parte de los parásitos se transmiten en el útero materno (y no solamente la toxoplasmosis o el chagas). Por eso es menester que la mujer y el hombre se desparasiten antes de la concepción. Veamos entonces cómo podemos prevenir y curar esta infección crónica desatendida por legos y profanos en materia de salud.

Antes de pasar a los tratamientos, analizaremos algunos mitos y conceptos acerca de los parásitos:

Las parasitosis no son una enfermedad de la pobreza. El hacinamiento en las grandes ciudades es hoy, junto al calentamiento global, al abuso de medicación química, al consumo de alimentos industrializados, etc, los factores que incrementan día a día las infecciones por parásitos en los países desarrollados. Obviamente también los países pobres sufren la situación, potenciada por malos hábitos higiénicos.

El análisis de materia fecal no siempre da positivo. El coproparasitológico puede dar negativo y sin embargo podemos estar parasitados.

Los parásitos no son sólo esos gusanitos que viven únicamente en el intestino y se curan de palabra o tomando dosis únicas de ajo o pastillas. Son los seres vivos más antiguos e inteligentes del planeta. Los parásitos buscan ir a lugares donde nuestro sistema inmunológico no los ataque; intentan alejarse del intestino y lo logran, pasando al hígado, y por circulación sanguínea alcanzan el pulmón, el corazón, los ojos, el cerebro, el sistema nervioso y las glándulas (páncreas, próstata, ovarios, etc), donde tienen asegurado el alimento.

Desparasitarse aisladamente no sirve. Se debe seguir un programa regular y familiar, dos o tres veces al año.

Los parásitos unicelulares se dividen cada seis horas. Imagínese la proliferación que podemos tener tras años de no desparasitarnos. Un dato: los helmintos (gusanos) ponen entre 180 y 250.000 huevos por día!!! Sí, leyó bien, no es un error de impresión.

CÓMO SABER SI ESTOY PARASITADO

Como dijimos, si no nos desparasitamos regularmente, todos sufrimos esta lucha inmune, y la perdemos muchas veces. Si vivimos en contacto con los factores de riesgo antes mencionados, desparasitarnos será imprescindible. Si ha tenido diagnóstico de estrés, síndrome de fatiga crónica, fibromialgia, candidiasis, colon irritable, crisis de pánico, alergias y tantos otros, pruebe a desparasitarse y seguro encontrará alivio a estas manifestaciones. Si tenemos algunos de los siguientes síntomas, es seguro que tenemos que desparasitarnos:

• Fiebres periódicas a repetición, generalmente bajas (entre 37,2º y 39º)

• Alteraciones del apetito, como bulimia y anorexia

• Geofagia (tendencia a comer tierra en los niños)

• Astenia, cansancio y agotamiento súbito (más común antes del almuerzo y por la tarde)

• Necesidad imperiosa de dulces

• Digestión lenta

• Dolores tipo cólico (intestinal, hepático, menstrual, estomacal)

• Diarreas y estreñimientos alternados (irritabilidad del colon)

• Meteorismo (gases)

• Distensión abdominal

• Halitosis (mal aliento)

• Cefaleas

• Insomnio, sueño entrecortado, mal descanso, rechinar los dientes y bruxismo.

• Fobias sociales

• Tics nerviosos

• Convulsiones

• Pérdidas abruptas de la visión y la memoria

• Prurito anal, nasal, vulvar y ocular

• Urticarias

• Bronquitis y bronquiolitis (tos seca)

En un próximo artículo, profundizaremos mas en como “atacar” a los parásitos.

Omar Riachi, conocedor de la medicina herbal aborigen de los comechingones y de los kallawayas, especialista en Medicina Tradicional China por la Asociación de Acupuntura China en Argentina y posgraduado en Holguín (Cuba), docente de la Escuela Argentina de Medicina Tradicional China, ex docente del curso de Medicina Tradicional y Fitoterapia de la Universidad Nacional del Comahue (Neuquén, Argentina) y director de la escuela de Fitoterapia y Medicina Tradicional Aborigen Kallawaya (www.kallawaya.com.ar).

Extraído del libro “Cuerpo Saludable”-Nestor Palmetti

14 -- Arsenal antiparasitario


Conviene puntualizar algunas recomendaciones que tienen que ver con el manejo de aliados claves en el control y prevención de la parasitosis.

Por sentido común, no debemos ingerir aquellos alimentos que estimulan el desarrollo de los parásitos. Nos referimos a los productos lácteos en general, los azúcares refinados (sacarosa, jarabe de maíz de alta fructosa), las harinas (sobre todo las refinadas), los alimentos excesivamente dulces en general...

También por lógica debemos intensificar el consumo de alimentos con reconocido efecto antiparasitario: las semillas de zapallo (tenias, áscaris, oxiuros), el ajo (áscaris, oxiuros), la cebolla (áscaris, oxiuros), la zanahoria (oxiuros, áscaris, tenia), la granada (tenias), el arándano (oxiuros), las aceitunas y el aceite de oliva, la papaya (tenias, áscaris, oxiuros), el apio, el hinojo, etc.

En general todos los alimentos amargos, las hojas verdes y sobre todo los miembros de la familia de las crucíferas, son interesantes aliados para combatir parásitos: achicoria, alcaucil, apio, raíz de bardana, berenjena, berro, brócoli, cardo blanco, coliflor, diente de león, endibia, escarola, espárrago, hakuzai, hinojo, lechuga, nabo, ortiga, perejil, pimiento, puerro, rabanito, repollo, repollito de bruselas, rúcula, salsifí, etc.

Respecto al diente de león, es bueno puntualizar su importancia como planta clave en la cuestión parasitaria. Como bien dice Raymond Dextreit, conocido naturista francés, más allá de combatir los parásitos, es importante crear un medio que no les permita sobrevivir. Una bilis abundante y bien equilibrada en sus componentes, impide el desarrollo de larvas y huevos. Siendo uno de los mejores estimulantes de la función biliar, la ingesta de diente de león es sumamente aconsejable en todas sus formas: raíces, hojas y flores en comidas, extractos y tinturas(gotas), etc.

Dado que las verduras de hoja son responsables de contagios, a causa de la ocasional presencia de huevos, larvas, quistes y parásitos unicelulares, es recomendable un buen lavado de las mismas. De allí el hábito de remojar las hojas en agua con vinagre o limón, lavándolas bien a continuación. En este sentido, es importante un buen filtrado del agua de consumo.

El repollo es una hortaliza de elevado efecto antiparasitario. Es muy recomendable el jugo de repollo, tomando al menos 100cc diarios en ayunas, durante una semana; para mejorar su sabor puede adicionarse jugo de limón y/o zanahorias. También es útil el chucrut (repollo fermentado en sal). Justamente el uso de fermentados no pasteurizados (kéfir de agua, salsa de soja, miso, etc) es muy recomendable por su estimulación de la benéfica flora bacteriana, encargada de general el control sobre los huéspedes parasitarios. En este sentido son aconsejables las algas, los germinados y el agua enzimática que se obtiene remojando los brotes durante 48 horas (rejuvelac). También es recomendable el consumo del gel de la hoja del aloe.

Dado que algunos de estos elementos suelen ser rechazados por las personas parasitadas (adictas a los sabores dulces), es bueno incluirlos en batidos y licuados, mezclados con frutas y leches de semillas. En general todas las semillas poseen principios activos útiles en estos casos, sobre todo consumidas con su piel.

Es interesante el uso del zapallo como antiparasitario intestinal, dada su amplia disponibilidad y su probada inocuidad, sobre todo en niños, quienes a partir de los 5 meses de vida pueden ingerir su pulpa. También es recomendable la preparación de leche de semilla de zapallo. Se realiza con 50 gramos de semillas peladas, remojadas durante 12 horas en 500cc de agua. Luego se licua bien, agregando algo de miel. Esto se toma por la noche al acostarse. La cucurbitacina, principio activo presente en las semillas y en menor medida también en la pulpa, es efectiva en casos de lombrices (tenias, áscaris, oxiuros) y su uso está exento de riesgos.

El desparasitado con semillas de zapallo, inicia con 12 horas de ayuno previo (comenzar la abstinencia de alimentos por la tarde, tomando luego solo agua). El día del tratamiento, se consumirá solamente una combinación de semillas de zapallo peladas (100g en niños y 200g en adultos), trituradas y mezcladas con miel. Para facilitar el licuado y la ingesta, puede adicionarse agua. Esta mezcla se dividirá en 3 porciones (desayuno, almuerzo y cena). Una hora después de la última ingesta, debe tomarse un purgante (batido de aloe, como se indicó en el tratamiento genérico) y observar luego la deposición. En caso de no advertir presencia de parásitos, repetir el tratamiento 2 o 3 días después.

La familia de las liliáceas también aporta un significativo efecto antiparasitario, dado la respuesta repelente de estos compuestos azufrados. Son conocidas las recetas en base a cebolla y ajo para combatir parasitosis intestinales. Es el caso de la tintura de ajo, que se toma diluida en agua o jugos, antes de las comidas. El ajo es probadamente eficaz contra tenias, oxiuros, giardias, trichomonas y amebas, siendo de amplio espectro y muy bien tolerado por el organismo. Además el ajo aporta otros beneficios importantes, al ser fluidificante de la sangre, antihipertensivo, antioxidante, desintoxicante hepático, antitumoral, hipoglucemiante, inmunoestimulante, antiulceroso…

Otros grandes aliados antiparasitarios bien aceptados son los condimentos, que desde tiempos inmemoriales la humanidad utilizó para controlar las parasitosis. Si bien casi todos tienen efectos interesantes, merecen ser destacados la cúrcuma, la pimienta, el estragón, el tomillo, la canela, el pimentón y los chiles en general (pimiento de cayena).

En materia de hierbas con efectos antiparasitarios, podemos citar entre otras: altamisa, artemisa, acedera, ajenjo, bardana, carqueja, paico, suico, uña de gato, yerba carnicera, cuasia amarga, helecho macho, cáscara de granada, genciana, ruda, diente de león, poleo, etc. Como ya hemos visto, el uso de las hierbas es recomendable en la medida que se respeten dosificaciones y continuidad del tratamiento. Esto último es esencial para cortar los ciclos reproductivos (los parásitos mueren, pero quedan los huevos que inician el proceso vital) y evitar generar reacciones de adaptación por parte de los bichos.

A nivel homeopático se puede citar la Cina 3X, como antiparasitario de amplio espectro. Se recomienda un tratamiento de 10 gotas antes de almuerzo y cena durante una semana, descansando una semana y repitiendo en la siguiente. Sobre el propóleo ya nos hemos ocupado previamente.

El uso de la arcilla como antiparasitario, es algo que los animales y las personas en estado “salvaje”, hacen en forma intuitiva. La arcilla estimula la eliminación de parásitos, tanto los unicelulares (amebas), como los gusanos, y sus toxinas, mineralizando el organismo debilitado. Se ingiere apenas una cucharadita (tamaño café) de arcilla en polvo disuelta en medio vaso de agua mineral, durante 14 días corridos en ayunas. Posteriormente descansar 7 días y luego continuar 7 días si y 7 días no. En el caso de las mujeres que tienen la menstruación deben dejar de ingerirla durante esos días. Luego continuar normalmente.

Extraído del libro “Cuerpo Saludable”-Nestor Palmetti

15 -- Parásitos, compañeros de ruta . Síntomas

Si bien los mayores estudios se centran en los parásitos intestinales, se sabe que los parásitos invaden todo el cuerpo, incluso zonas consideradas “seguras” como el cerebro. Precisamente los parásitos allí se encuentran “seguros” por ser ámbitos donde no puede actuar la inmunología. Tampoco los parásitos discriminan edades o clases sociales; muchos siguen suponiendo erróneamente que los parásitos son cosas de chicos y que luego desaparecen solos, o que se los “pesca” la gente de bajos recursos o de zonas marginales. Todos los tenemos y los tendremos; la diferencia está dada por cantidades, especies y antigüedad de infestación.

MANIFESTACIONES DEL DAÑO

Las manifestaciones locales son aquellas que generan los parásitos en su lugar de permanencia. En este sentido podemos citar los problemas digestivos, tales como: mal aliento, apetito inestable, constipación, diarreas, gases, eructos, acidez, cólicos, distención o flatulencia, hemorroides, vómitos, cuadros apendiculares, vesiculares, diverticulares o litiásicos, sintomatologías ulcerosas, pancreatitis, gastroenteritis, náuseas, somnolencia, pesadez, reflujos, etc.

Es preciso comentar que las toxinas parasitarias provocan un bloqueo de la absorción de los alimentos a nivel de la mucosa intestinal. Esto provoca en muchos casos la delgadez de los parasitados y no porque el alimento sea ingerido por los bichos, como reza el mito popular. Esto explica también lo innecesario e ilógico de suplementarles vitaminas, minerales y estimulantes del apetito; de poco servirán si persiste el origen del problema. Para que una persona recupere peso, son necesarias dos cosas: que ingiera alimentos y que los absorba.

Las sintomatologías alternas y las reacciones digestivas cambiantes, responden siempre al estado de los parásitos. Tratando eficazmente la parasitosis, la persona vuelve a tolerar perfectamente todo tipo de alimento. Otro error es etiquetar al parasitado como una persona delgada; el flaco parasitado es el flaco "descompensado", pero si no lo está, puede tener cualquier peso e incluso ser un obeso.

Las manifestaciones a distancia son aquellas que se desarrollan lejos del lugar donde están alojados los parásitos y ocurren por acción de sus toxinas; es decir que no es necesaria la presencia del parásito, para que se desencadene la sintomatología. Con respecto a su magnitud, es fácil imaginar que dependerá del grado de parasitado y su antigüedad. Más añeja la parasitosis, más significativos serán los síntomas y más tiempo llevará su resolución.

A nivel diagnóstico, generalmente los análisis convencionales se centran en detectar parasitosis intestinal; pero muchas veces un resultado negativo (escobillado anal, materia fecal) genera una peligrosa tranquilidad en médico y paciente. Sucede que el contenido de la luz intestinal es muy cambiante, hecho que perjudica a ciertas parasitosis para realizar debidamente su ciclo biológico. Entonces perforan la mucosa intestinal por medio de enzimas y se colocan en la pared del intestino. Por tanto lo que se recoge en los análisis es lo que se halla en la luz intestinal; y ellos ya no se encuentran allí. Las parasitosis antiguas (8 a 10 años de instalación) son las que generan estas acciones atípicas y no aparecen en los análisis por hallarse enquistadas en la pared de la mucosa intestinal.

SIGNOS Y SÍNTOMAS DE PARASITOSIS

En general, una persona con parasitosis intestinal de antigua data, es una persona tensa, temperamental, con altibajos emotivos (a veces triste y otras, explosivo), que no se relaja (está siempre "enchufado") y es desmemoriado. Tiene el tubo digestivo inflamado, desde la boca hasta el ano. Después de comer se siente hinchado, distendido, con somnolencia, pesadez, modorra, gases, eructos, acidez, dolores de cabeza, etc. Suele tener los miembros inferiores cansados, hormigueos, adormecimientos, pies y manos frías, calambres (sobre todo nocturnos) y problemas de piel. En general es constipado o alterna con alguna diarrea explosiva. Exhibe intolerancias "discontinuas" a algunos alimentos, que lo desconciertan. Evidencia problemas de cuero cabelludo y uñas, vista irritada y en algunos casos problemas de agudeza visual, irritación de nariz, crisis de estornudos matinales, resfríos periódicos y alergias variadas. A veces presenta manifestaciones respiratorias y neurológicas. En general se despierta cansado, porque no tienen un reposo reparador: sufre pesadillas, da vueltas en la cama, patalea, grita, castañea los dientes, se orina en la cama, etc. Veamos estos aspectos en detalle, teniendo en cuenta que las personas en general presentan varios síntomas pero no necesariamente la totalidad.

Piel y cabello

El rostro es "desprolijo", con manchas, granos, acné, irritaciones oculares y otras lesiones. El color y el olor de la piel es característico, pues por allí se eliminan la mayor parte de las toxinas parasitarias. Podemos hallar asperezas, erupciones, máculas, pápulas, pústulas, manifestaciones psoriásicas, eccemas, acné, irritaciones, úlceras, uñas quebradizas, panadizos, dishidrosis (enquistamiento del sudor), caída del cabello, seborrea, caspa, cabellos con falta de vitalidad, cortajeados, quebradizos y desprolijos, irritaciones en torno a los orificios corporales.

Aparato respiratorio

Gran cantidad de pacientes con problemas de vías respiratorias, deambulan durante años por distintos consultorios, probando infinidad de tratamientos y técnicas sin ningún resultado. El caso de niños y adolescentes con anginas a repetición, sin tener una mejoría duradera pese a los tratamientos. La parasitosis intestinal desarrolla un cuadro de tipo alérgico que puede provocar la inflamación e infección posterior de las amígdalas. Es el mismo caso de las sinusitis crónicas que son tratadas específicamente y no evolucionan favorablemente; en muchos casos desparasitando al paciente, toda la sintomatología se revierte.

Cuando una parasitosis intestinal tiene una gran antigüedad y magnitud (dos hechos de relevancia) pueden dar sintomatología "de tipo asmático". En general estos casos son tratados durante años con todo el arsenal terapéutico (corticoides, vacunas, nebulizaciones, jarabes, etc) sin mejorar; y esto no sucede porque no son "asmáticos". El origen del problema está dado por su parasitosis intestinal; esto se confirma desparasitando, tras lo cual sobreviene la curación. Las bronquitis alérgicas suelen tener el mismo origen y tratamiento. La crisis de estornudos es otro síntoma por demás frecuente en el parasitado y en general no se le da importancia; es muy molesta y en muchos casos va asociada a picazón, secreción nasal y ocular.

Aparato circulatorio

En el sistema circulatorio central se manifiestan precordialgias (dolores delante del corazón), taquicardias, sensación de falta de aire, anginas, disneas cardiacas, etc. Estas manifestaciones pueden presentarse a causa de una elevación diafragmática, consecuencia de una parasitosis intestinal importante. En estos casos, los procesos de putrefacción y fermentación están muy incrementados, el volumen de los intestinos aumenta y esto genera presión hacia arriba, elevando el diafragma. Esto implica una reducción del área pulmonar; esto trae aparejado una disminución de la oxigenación de todo el organismo y sobre todo del sistema nervioso central, provocando somnolencia, fatiga, etc. También se genera un desplazamiento del corazón hacia adelante, acarreando una sintomatología que rememora una patología cardíaca. En estos casos, la desparasitación permite que el diafragma vuelva a su lugar, disolviendo este cuadro engañoso.

A nivel del sistema circulatorio periférico se pueden detectar calambres y caídas de presión, rebeldes a los tratamientos clásicos. Esto se debe a la histamina, sustancia secretada por los parásitos intestinales. La histamina es vasodilatadora, mecanismo que genera la caída de la tensión arterial. Esta baja de presión hace que los pacientes se sientan cansados, decaídos, con mareos y cefaleas. Los dolores de cabeza del parasitado se deben también a la acción histamínica. Cuando se dilatan los vasos craneanos, se comprimen estructuras vecinas y es entonces cuando aparecen las cefaleas y jaquecas. En general los pacientes toman fármacos vasoconstrictores, lo cual alivia inicialmente el dolor, pero el problema persiste y solo remite tras el desparasitado.

También pueden hallarse úlceras varicosas de antigua data, rebeldes a los tratamientos clásicos. Esto se debe a las toxinas parasitarias, que provocan esclerosis del "vaso nervorum", irrigación deficiente y por tanto carencias que impiden regenerar la zona ulcerada; tratada la parasitosis, la situación se revierte y cicatriza rápidamente. Las várices se hacen más notables; se nota más la vascularización por disminución de la oxigenación. Pueden aparecer sabañones y también aumento de las manchas ocres, purpúreas y pigmentarias.

Otra consecuencia de la parasitosis son las anemias, en general severas y de difícil tratamiento, ya que se producen por agotamiento medular. Cuando la pérdida de sangre es grande pero de poca duración, la médula ósea se activa y resuelve el problema. Pero si la pérdida es pequeña pero continua, como sucede en el organismo parasitado, se puede provocar un agotamiento del mecanismo y su reactivación suele ser dificultosa. También puede manifestarse leucocitosis (incremento de leucocitos en la sangre), con valores elevados que generan diagnóstico erróneo de leucemia.

Aparato ginecológico

Suelen encontrarse trastornos menstruales de todo tipo, siendo característico el agravamiento en el período premenstrual. Puede haber atrasos en la menarca (primera menstruación), algomenorreas (menstruaciones dolorosas), flujos crónicos (molestos y rebeldes a los tratamientos locales, pues la parasitosis intestinal genera una especie de "apuntalamiento microbiano", frigidez y esterilidad relativa. En muchos casos, la flora vaginal está totalmente alterada, al igual que su PH, debido a la contaminación parasitaria intestinal; entonces, cuando los espermatozoides ingresan al medio vaginal, se encuentran con un campo hostil que produce la muerte o atenuación de su capacidad de reproducción. Son innumerables los casos donde, tras el tratamiento de la parasitosis intestinal, se produce el embarazo. Muchas mujeres sufren reiterados tratamientos e intervenciones por Bartholinitis (frecuente proceso inflamatorio-infeccioso de glándulas vaginales que producen lubricación para favorecer el acto sexual, lo cual genera además dolor y molestias), infructuosos a causa de la contaminación con la flora patógena intestinal.

Sistema nervioso central

Se puede observar angustia, irritabilidad, insomnio, inestabilidad emotiva, desgano, depresión con intento de suicidio (algo común y recurrente en pacientes con parasitaciones de larga data). También es común la pérdida de memoria y capacidad de concentración; esto se debe a la aceleración del sistema nervioso central, por eso los olvidos y la dificultad para concentrarse. Al desparasitar, la persona se calma, empieza a recordar mejor y tiene un mejor rendimiento intelectual.

Son frecuentes los trastornos de conducta que pueden llegar a ser graves (el típico "Jaimito"). Asimismo se suelen advertir convulsiones “tipo epilépticas”; muchos niños, adolescentes y adultos son rotulados y tratados como epilépticos (electroencefalogramas, fármacos), deambulando por distintos consultorios sin resolver su problema, dado que no son epilépticos. Al tratar su parasitosis, dejan de manifestar esta sintomatología.

Aparato urinario

En este campo podemos encontrar enuresis (chicos que se orinan en la cama), prostatitis, cistitis a repetición, infecciones renales, poluciones nocturnas, hematurias (sangre en la orina), úlceras o lesiones en el glande, impotencia sexual e incontinencia urinaria.

Órganos de los sentidos

En este campo se suelen manifestar: alteración de la agudeza visual (pudiendo llegar a visión bulto e incluso a la ceguera), vicios de refracción, conjuntivitis, orzuelos a repetición, eccemas de oídos, otitis crónicas (supurantes o no), disminución de la audición, etc.

TESTIMONIOS SIGNIFICATIVOS

Si bien el sitio web www.fundacionrau.org.ar brinda muchas historias clínicas y casos significativos, reproducimos aquí un par de breves historias publicadas recientemente en medios masivos y que seguramente identificarán a mucha gente. Una de ellas pertenece a María Isabel Lang (54 años): “Me sentía hinchada, tenía pensamientos sombríos y pesadez en la cabeza. Los médicos no encontraban la causa del problema. Cuando por fin me recetaron pastillas desparasitantes, despedí algunos parásitos, pero el malestar continuó. Luego hice un tratamiento con hierbas amargas y ahí la cantidad que expulsé fue mayor. Despedía como semillitas, nidillos encapsulados y gran cantidad de larvas. Me empecé a sentir mejor anímicamente, con pensamientos más claros, a notar cambios en mi piel y en mi estado de salud en general”.

Otro testimonio interesante es el de Raquel Fernández (40 años), oriunda de Misiones. “Además de problemas de tiroides y osteoporosis, sentía las piernas hinchadas, altibajos anímicos, me brotaba por todo el cuerpo, estaba nerviosa y me sentía muy agotada. Finalmente realicé un tratamiento desparasitario. Sentí un dolor muy fuerte en el abdomen, hasta que empecé a expulsar. Pensaba que estaba largando pedazos de carne, pero no, eran parásitos redondos ya muertos. Después sentí mucho alivio en el cerebro, ya no me brotaba y dejé de tener esa pesadez en las piernas que no me permitía estar parada”.

Dr. Carlos Alberto Rau, presidente de la Fundación Parasitológica Argentina (www.fundacionrau.org.ar) y autor del libro “El inverosímil mundo de los parásitos”.

Extraído del libro “Cuerpo Saludable”-Nestor Palmetti

16 -- Acidez y toxemia


Alcalinidad fisiológica

Es poco conocido el significado de alcalinidad, como concepto opuesto a acidez. Incluso éste término se interpreta en forma muy limitada, asociado sobre todo al clásico ardor estomacal o a los reflujos. Sin embargo, no es exagerado afirmar que la adecuada comprensión -y la posterior corrección- de la acidificación orgánica, serviría para resolver la mayor parte de los grandes problemas que afligen a la salud pública.

Estos conceptos han sido científicamente demostrados por grandes investigadores de nuestro siglo y utilizados desde tiempos remotos en la medicina oriental. Para comenzar, conviene explicar lo que significa acidez y alcalinidad. Estos dos términos responden a la forma de clasificar la reacción de cualquier elemento, sobre todo en medios líquidos.

El grado de acidez o alcalinidad se mide a través de una escala de pH (potencial de hidrógeno), que va de 0 (extremo ácido) a 14 (extremo alcalino), ubicándose en el centro (7) el valor neutro. O sea que entre 0 y 7 tenemos valores de acidez y de 7 a 14, de alcalinidad. Esto no quiere decir que lo ácido sea “malo” y lo alcalino “bueno”, dado que ambos se necesitan y se complementan en las reacciones químicas. Por ello se habla de equilibrio o balance.

ASÍ EN LA SANGRE COMO EN LA CÉLULA

Dado que la química corporal genera infinidad de reacciones y exigencias específicas, intentaremos comprender aquí como funciona el mecanismo base del equilibrio ácido-alcalino a nivel celular. Los trillones de células que componen nuestro organismo, necesitan alimentarse, eliminar residuos y renovarse constantemente.

A fin de satisfacer esta exigencia vital, la sangre cumple dos funciones vitales para el correcto funcionamiento celular: llevar nutrientes (sobre todo oxígeno) y retirar los residuos tóxicos que genera la transformación (metabolismo) de dichos nutrientes.

A nivel celular se produce una especie de combustión interna, que libera calor corporal. Los residuos que se originan en este proceso de combustión, son de naturaleza ácida y deben ser evacuados del organismo mediante la sangre, a través de las vías naturales de eliminación (hígado, riñones, pulmones, piel).

En este contexto vuelve a tomar importancia la cuestión enzimática, pues las enzimas son esenciales para “detonar” dicha combustión y además de la temperatura, también son sensibles a la variación del pH.

Para permitir una eficaz combustión celular, y por otra gran cantidad de razones fisiológicas, el plasma sanguíneo debe mantener a ultranza un ligero nivel de alcalinidad. El pH de la sangre puede oscilar en un estrecho margen: entre 7,35 y 7,45.

Al transgredir estos límites, la sangre pierde capacidad de almacenar oxígeno en los glóbulos rojos y también pierde eficiencia en la tarea de eliminación de los residuos celulares. En pocas palabras, la sangre no nutre y no limpia las células, génesis profunda de cualquier enfermedad. Para dar una idea del estrecho margen de maniobra del pH sanguíneo, digamos que al descender de 7 se produce el coma diabético y la muerte.

COMPENSAR O MORIR

Cuando se incrementa el nivel de acidez sanguínea, varios mecanismos (tampones) buscan restablecer este vital equilibrio. En todos los casos se requiere la suficiente presencia de bases (álcalis) que neutralicen los ácidos. O sea que un eficiente metabolismo celular exige un constante flujo de sustancias alcalinas, con el fin de poder neutralizar los ácidos provenientes del alimento y del metabolismo celular.

En primera instancia, y como mecanismo más simple, la sangre debe obtener suficientes bases de los alimentos. En caso de carencia (tanto por exceso de ácidos circulantes como por deficiencia nutricional de bases), la sangre echa mano a dos mecanismos de emergencia para preservar su equilibrio. Uno consiste en derivar ácidos, depositándolos en los tejidos a la espera de un mayor aporte alcalino. Esto genera reuma, problemas circulatorios, afecciones de piel, etc.

El otro mecanismo es recurrir a su reserva alcalina: las bases minerales (calcio, magnesio, potasio) depositadas en huesos, dientes, articulaciones, uñas y cabellos. De este modo, la sangre se convierte en un "saqueador" de la estructura orgánica, con el único objetivo de restablecer el vital equilibrio ácido-básico que permite sostener el correcto funcionamiento orgánico.

Esta lógica funcional es la homeostasis orgánica, que significa “mantener la vida generando el menor daño posible”. Para el organismo, una menor densidad ósea no significa peligro para la vida, pero sí un pH ácido en la sangre. Así funciona el mecanismo de la descalcificación y la desmineralización.

Los huesos ceden calcio en forma de sales alcalinas, se hacen frágiles y hay osteoporosis; las piezas dentales se fisuran con facilidad y surgen caries; las uñas muestran manchas blancas y se tornan quebradizas; las articulaciones degeneran y hay artrosis; el cabello se debilita y se cae; se advierten lesiones en las mucosas, piel seca, anemia, debilidad, problemas digestivos, afecciones de vías respiratorias, infecciones, sensación de frío, etc.

Normalmente no se asocian estos síntomas con la acidez. Un ejemplo es la osteoporosis, clásica enfermedad de acidificación. Sin embargo se la combate inadecuadamente con alimentos (lácteos) que, por su aporte ácido, agravan el problema. El sentido común nos indica que frente a osteoporosis y anemia, lo correcto es atacar la causa profunda del problema: alcalinizar el organismo para neutralizar su acidez.

De lo visto, podemos concluir que para permitir el normal trabajo de la sangre y las células, debemos ser cuidadosos en el aporte que realizamos a nuestro cuerpo a través de los alimentos que ingerimos. Por un lado tratando de evitar alimentos (y situaciones) acidificantes, y por otro incrementando la provisión de bases a través de una mayor ingesta de alimentos alcalinizantes. Todo esto complementado por un buen aporte de oxígeno, a través del necesario movimiento, y un correcto funcionamiento de los órganos depurativos encargados de eliminar los ácidos.

VISIONES PIONERAS

Según los estudios de Ragnar Berg -médico sueco fallecido en 1956, pionero en la investigación de la alimentación alcalinizante- un 85% de nuestra dieta debe estar compuesta de elementos ricos en bases (de los cuales una parte debe estar en estado crudo) y sólo un 15% debería estar reservado a los alimentos acidificantes. Si bien Berg combatía los procesos de acidificación con preparados de sales alcalinas y citratos, sostenía que la mejor terapia era la de jugos frescos de frutas y verduras.

Este hecho resulta fácilmente comprobable cuando realizamos un día de ayuno bebiendo solamente jugos de frutas. Al día siguiente sentimos una sensación de alivio general en todo el organismo, ya que estamos permitiendo el proceso de purificación de los residuos ácidos, gracias al aporte exclusivo de bases y vitalizantes enzimas.

El Dr. Berg determinó que las verduras silvestres poseen mayor cantidad de sales alcalinas que las de cultivo. Esto ha sido confirmado por estudios franceses y alemanes, que demuestran una disminución de estos valores (y de otros nutrientes importantes), inversamente proporcional al aumento del uso de abonos químicos. Ello se debe a la disminución de minerales alcalinos y a la presencia de residuos ácidos.

También se ha probado experimentalmente que la fruta madurada artificialmente (en cámara) deja de comportarse como alcalinizante en el organismo. Son comprobaciones científicas de la involución cualitativa de la producción industrializada de nuestros alimentos.

William Howard Hay, creador de la dieta que se popularizó en los años 30, sugería una proporción en volumen del 20% en alimentos acidificantes y 80% en alcalinizantes. Arnold Ehret, propulsor de la dieta cruda, sugería eliminar todos los alimentos acidificantes.

En nuestro ámbito, el médico rosarino Samuel Sack hizo un aporte interesante al tema del equilibrio ácido-básico, desarrollando una técnica de remojo de alimentos ácidos en soluciones alcalinas (caldo de repollo blanco o agua bicarbonatada). Su sistema se basa en las propiedades alcalinizantes y neutralizantes de ácidos del repollo blanco. Estas virtudes se encuentran mayormente en el repollo crudo y en el agua de su cocción.

El remojo de los alimentos en caldo de repollo no altera su calidad ni su sabor, sino por el contrario, facilita su asimilación y transformación en el organismo, influyendo positivamente en el equilibrio ácido-básico. Al hervir, el repollo libera álcalis que pasan al agua y el proceso de neutralización de los alimentos sumergidos en ella se realiza en forma directa. El Dr. Sack recomendaba agregar siempre una hoja de repollo crudo a las ensaladas (en exceso puede producir gases), desaconsejando en cambio el consumo del repollo hervido.

Si bien este sistema puede resultar útil para personas que realizan una transición a una dieta alcalinizante, conviene circunscribirlo al período de conversión de hábitos. Estamos viendo que muchas reacciones metabólicas requieren condiciones de normalidad fisiológica, que estas intervenciones pueden alterar, impidiendo el correcto funcionamiento de procesos enzimáticos y vitamínicos.

Por ello es siempre más recomendable evitar los alimentos problemáticos (cárnicos, lácteos, refinados), antes que intentar “emparchar”. Hemos visto que las proteínas necesitan un medio ácido para la correcta acción enzimática de las proteasas que las degradan en aminoácidos. Por esto, alcalinizar carnes y lácteos puede convertirse en arma de “doble filo”, dificultando su asimilación o exigiendo esfuerzos extras al organismo, a nivel de secreciones gástricas y enzimáticas. De allí, que resulte preferible eliminar estos alimentos, antes que “corregirlos a ojo”.

ALCALINIZANTES Y ACIDIFICANTES

Veamos que se entiende por alimentos acidificantes y alcalinizantes. Nuestros nutrientes (como todos los elementos de la Naturaleza) tienen distintos grados de acidez o alcalinidad. El agua destilada es neutra y tiene un pH 7. Básicamente todas las frutas y verduras resultan alcalinizantes. Si bien la fruta tiene un pH bajo (o sea que resulta ácida), debemos evitar una generalizada confusión: no es lo mismo la reacción química de un alimento fuera que dentro del organismo.

Cuando el alimento se metaboliza, puede generar una reacción totalmente distinta a su característica original. Es el caso del limón o de la miel. Ambos tienen pH ácido, pero una vez dentro del organismo provocan una reacción alcalina. Distinto es el caso de las células animales. Tanto la desintegración de nuestras propias células como la metabolización de productos de origen animal, dejan siempre un residuo tóxico y ácido que debe ser neutralizado por la sangre.

Así vemos la diferencia básica entre un alimento de reacción ácida (que obliga a robar bases del organismo para ser neutralizado) y un alimento de reacción alcalina (que aporta bases para neutralizar excesos de acidez provocados por otros alimentos o por los propios desechos orgánicos del cuerpo).

A fin de servir como referencia didáctica, veamos la tabla que expresa en grados de acidez o alcalinidad, la reacción metabólica de ciertos alimentos en el organismo humano. Esta información es muy interesante a título orientativo, pues nos permite comprender cómo funcionan ciertos alimentos en nuestro cuerpo.

ALIMENTOS DE REACCIÓN METABÓLICA ALCALINA

ALIMENTOS DE REACCIÓN METABÓLICA ÁCIDA

Pasa de uva

23,7

Panceta de cerdo

28,6

Porotos blancos

18,0

Pollo hervido

20,7

Almendras

12,0

Pavo asado

19,5

Dátiles

11,0

Carne de novillo

13,5

Remolacha

10,9

Maní

11,6

Zanahoria

10,8

Clara de huevo

11,1

Apio

8,4

Salmón fresco

11,0

Melón

7,5

Caballa fresca

9,3

Damasco

6,8

Crackers integrales

8,5

Naranja

6,1

Nueces

8,4

Repollo

6,0

Pan de harina integral

7,3

Tomate

5,6

Queso de vaca

5,5

Limón

5,5

Ricota

4,5

Manzana

3,7

Manteca de maní

4,4

Zapallo

2,8

Pan de harina blanca

2,7

Nabo

2,7

Arroz hervido

2,6

Uva

2,7

Fideo blanco hervido

2,1

Valores que indican grado de alcalinidad y acidez. Tabla elaborada por Bridges y modificada por Cooper, Barber y Mitchell

También los minerales juegan un rol importante en el comportamiento acidificante o alcalinizante de los alimentos y ello nos permite hacer una elección más consciente. Por lo general resultan acidificantes aquellos alimentos que poseen un alto contenido de azufre, fósforo y cloro. En cambio son alcalinizantes aquellos que contienen buena dosis de calcio, magnesio, sodio y potasio.

En general los cereales generan desechos ácidos al ser metabolizados: ácido sulfúrico, fosfórico y clorhídrico. Esto resulta más marcado en el trigo y el maíz (los indígenas americanos remojaban el maíz en agua de cal). El mayor contenido en minerales alcalinos hace que otros cereales resulten más alcalinizantes: mijo, cebada, quínoa, trigo sarraceno. El arroz integral es considerado como neutro en la dietética oriental.

Por su parte las legumbres y las semillas son ligeramente acidificantes por su contenido proteico, aunque no todos por igual, con excepciones como las almendras y los porotos blancos, aduki y negros. Los lácteos son elementos acidificantes, aunque la leche fresca sin pasteurizar sea ligeramente alcalina. La pasteurización acidifica la leche y por tanto a todos sus derivados.

Mientras la dietología clásica y la ciencia de la alimentación no dan importancia o ignoran totalmente esta distinción, en una Nutrición Depurativa es muy importante conocer la reacción de los alimentos. Además es importante manejar otros aspectos que tienen que ver con la preparación misma de las comidas.

Por ejemplo: se ha demostrado que un 40-60% de los elementos minerales y un 95% de las vitaminas y bases se pierden en el agua de cocción de las verduras. Resulta entonces que el alto contenido básico que poseen las verduras -y que resulta tan útil para el equilibrio sanguíneo- se desvaloriza. Incluso las verduras llegan a presentar naturaleza ácida cuando se tira el agua de cocción.

De allí la importancia del sistema oriental de cocer las verduras al vapor en cestas de acero o bambú, o sea sin que estén en contacto directo con el agua. También comprendemos el alto valor terapéutico de los caldos, que conservan todo el contenido alcalino de las verduras y que resultan tan reparadores en enfermos y convalecientes.

Lamentablemente la acidosis (disminución de la reserva alcalina en la sangre) se está convirtiendo en una enfermedad social que provoca grandes problemas y que generalmente no se diagnostica. Sin embargo nadie se preocupa por advertir sobre el problema. Por el contrario, el bombardeo publicitario incita al consumo masivo de productos industriales, que resultan altamente acidificantes.

Dejemos de lado (por lo obvio) carnes y hamburguesas, que muchas personas logran disminuir o evitar. Gaseosas basadas en azúcares refinados y compuestos acidulantes; bebidas alcohólicas, alimentos elaborados con cereales, grasas y azúcares refinados; lácteos industrializados y especialmente quesos; aditivos alimentarios, conservantes… forman un coctel explosivo que se ingiere los 365 días del año, varias veces por día y en grandes cantidades.

ÁCIDOS BUENOS Y MALOS

Claro que no todos los ácidos son malos. En nuestros alimentos hay ácidos beneficiosos y otros perjudiciales. Entre los beneficiosos podemos citar a los frutales. El caso de los ácidos: cítrico, málico, tartárico, fumárico, etc. Estos ácidos orgánicos débiles, una vez metabolizados en el organismo se combinan con minerales (sodio, calcio, potasio) y dan lugar a sales minerales, carbonatos y citratos (elementos que tienen la capacidad de fluidificar y alcalinizar la sangre) o bien se oxidan en la sangre y son eliminados del organismo como anhídrido carbónico, activando la ventilación pulmonar.

He aquí la explicación del benéfico efecto del limón, cuyo jugo ácido es utilizado para la hiperacidez de estómago. Otro ácido interesante es el láctico (fermentos), de benéfico efecto sobre el equilibrio de la flora intestinal.

Definitivamente nefastas para el organismo resultan las ácidas bebidas gaseosas, hoy omnipresentes en la cotidianeidad alimentaria. Los azúcares de por sí generan ácidos en su proceso metabólico (ácido acético). A ello se agregan los aditivos acidulantes (ácido fosfórico pH 2,8) y el ácido carbónico, generándose un coctel dañino, que se potencia con los grandes volúmenes de consumo diario.

Párrafo aparte para los ácidos presentes en carnes, embutidos y lácteos (úrico, butírico, nítrico, sulfúrico). Como decíamos al principio, toda desintegración de células animales -de nuestro propio cuerpo o de alimentos animales- deja un residuo tóxico y ácido. Estos residuos, además de consumir bases para poder ser neutralizados en la sangre, deben ser luego eliminados del organismo.

En la juventud, el buen funcionamiento de los órganos de eliminación (principalmente riñones y piel), hacen que los ácidos sean eliminados satisfactoriamente. Pero con el correr de los años, al acentuarse los efectos nocivos de la acidificación en el organismo, estos órganos pierden eficiencia. Al no poder ser eliminados del organismo, el ácido úrico y otros residuos metabólicos de naturaleza ácida, son retenidos fundamentalmente por el tejido conjuntivo, así como por los huesos y cartílagos del cuerpo, con el objetivo de retirarlos del flujo sanguíneo y poderlos eliminar más adelante.

Esto sirve de origen a dolencias tales como: artritis, artrosis, reumatismo, fibromialgia, enfermedades del corazón, de los nervios, ciática, alergias, eccemas, herpes, urticaria, asma, nefritis, hepatitis, cálculos, arteriosclerosis y un estado de enfermedad latente pronto a manifestarse.

Las consecuencias que tiene para la salud una acumulación persistente de residuos o escorias (que el organismo debería eliminar y no puede), son funestas. Según la naturaleza de cada persona, comenzarán a presentarse a corto plazo los primeros síntomas del padecimiento de una u otra enfermedad (signos de alarma), que variarán según cuales sean los tejidos u órganos afectados.

Una alimentación pobre en bases entorpece el normal proceso de combustión en los tejidos celulares, dando lugar a la formación de estos residuos de naturaleza ácida, muchos de los cuales no pueden ser eliminados por la orina. Aportando una alimentación rica en bases y/o disminuyendo el contenido proteico, posibilitamos una eliminación masiva de estos desechos, depurando así el organismo.

Todo esto nos permite comprender que aún una dieta que excluya la carne (vegetariana) puede no ser ideal y puede resultar acidificante si se consumen en exceso: huevos, quesos, legumbres, oleaginosas, cereales refinados, café, té, chocolate, gaseosas y azúcar blanca. En una clásica expresión que oímos de mucha gente, se puede advertir este involuntario pero grave error de concepto. "Pero si como sano; no como carne; como acelga hervida, un poco de queso, fideos, tomo té negro con galletitas y mermelada..." ¡¡¡O sea, todos alimentos acidificantes!!!

Para finalizar, debemos considerar otros perjudiciales ácidos no alimentarios, presentes en nuestra jornada cotidiana y que colaboran con la acidificación corporal. Nos referimos al ácido nicotínico del tabaco, el ácido acetilsalicílico de los analgésicos, el ácido clorhídrico que genera el estrés y los ácidos provenientes del smog y la contaminación ambiental. También debemos tener en cuenta los ácidos generados en la incorrecta función intestinal, a raíz de los procesos de putrefacción y fermentación.

ACIDEZ, ENZIMAS Y VITAMINAS

La importancia de la actividad enzimática. Además de la temperatura, el pH es otro de los enemigos de la correcta función de las enzimas. Como se explica en el apartado “El proceso digestivo”, las enzimas que actúan sobre hidratos de carbono y lípidos, requieren un ambiente alcalino para funcionar correctamente. Por ello su acción se interrumpe en presencia de las ácidas secreciones estomacales, que en cambio permiten el trabajo de las proteasas sobre las estructuras proteicas.

En este sentido, resulta clave la adecuada secreción biliar para restablecer la alcalinidad del bolo alimentario en el intestino delgado, donde amilasas y lipasas deben completar su tarea digestiva sobre carbohidratos y grasas.

Al igual que las enzimas, las vitaminas son también sensibles a las variaciones de pH, o sea a los distintos grados de acidez o alcalinidad presentes en el medio donde deben actuar. Esto se ilustra en el cuadro del apartado “Pérdida de nutrientes”, donde se aprecia la sensibilidad de vitaminas claves como la A, la B1, la C, la D y la E.

Todo esto nos lleva a una mayor valoración de la importancia que tiene el correcto equilibrio fisiológico del pH en nuestros fluidos corporales, sobre todo sangre, linfa y líquido intracelular. Es allí donde se generan las condiciones para que enzimas y vitaminas puedan cumplir su cometido específico. Muchas veces las carencias se intentan resolver con el aporte de suplementos, que más allá de la dudosa eficacia de la síntesis química, no podrán actuar en un medio incorrecto desde el punto de vista del pH.

DIETA ALCALINA

Ante todo debemos hacer del comer, un acto plenamente consciente. El estrés, las obligaciones y las tensiones, han provocado la transformación de nuestra nutrición en algo mecánico o apenas placentero. Nuestros problemas de salud -que todos arrastramos, como consecuencia de años de errores- nos deben servir como incentivo para comenzar a modificar nuestros hábitos, prestando atención a qué y cómo comemos.

Tampoco es cuestión de caer en el extremo de andar contabilizando y estudiando cada cosa que llevamos a la boca. Pero sí comenzar a concientizarnos para mejorar la calidad de nuestra nutrición y en definitiva la calidad de vida. Atender al equilibrio ácido-básico de nuestro organismo nos permitirá eliminar una gran cantidad de síntomas, muchos de los cuales ya los consideramos normales, de tanto convivir con ellos.

El éxito del cambio de actitud se basa en el gradualismo. Teniendo noción sobre que alimentos son acidificantes y cuales alcalinizantes, es bueno comenzar a modificar la ecuación de nuestra ingesta diaria. Proponerse inicialmente un 2 a 1 (dos partes de alcalinizantes por cada parte de acidificantes) para luego llegar a un óptimo 4 a 1.

No debemos tener miedo a exagerar con los alimentos alcalinizantes. Ya vimos que el problema está dado por el exceso de ácidos. De haber exceso de bases -cosa muy poco probable en organismos recargados de desechos- hay siempre en la sangre grandes cantidades de anhídrido carbónico para neutralizarlas.

También es importante que cada persona adecue la alimentación a su realidad corporal, social y laboral. Las personas nerviosas, delgadas, friolentas, alérgicas, con dolores articulares, neuralgias, con tendencias a caries, cálculos u osteoporosis; obviamente tendrán mayor urgencia y necesidad de alcalinización. Así como no todos somos iguales, tampoco todas las épocas del año exigen los mismos nutrientes.

Lo importante es basarnos en el abundante consumo de frutas (de estación y bien maduras) y verduras (preferentemente crudas, cocinadas al vapor o consumidas con su agua de cocción en forma de sopas). Hacer mucho uso de repollo blanco (crudo), zanahoria, apio, papa, batata, nabos, hojas de ensalada, berenjenas, pepino y tomate. Las algas, por ser verduras marinas, corresponden a este grupo y son muy alcalinizantes debido a su riqueza en minerales básicos (magnesio, calcio, sodio, potasio). Entre las frutas, usar: limón, caqui, cereza, manzana, melón, sandía, naranja, mandarina, pomelo, damasco, ananá, banana, durazno, pera, arándano y uva.

Demás está decir la importante que es consumir frutas y verduras de cultivo natural, o bien silvestres, dada la mayor acidez que generan los cultivos industriales. Esto puede parecer difícil en las grandes ciudades, pero es bueno insistir en la búsqueda de productores orgánicos que están apareciendo en los cinturones verdes de las urbes.

Usar los cereales menos acidificantes (arroz, trigo sarraceno) o alcalinizantes (quínoa, mijo o cebada). Entre las frutas secas preferir almendras, sésamo, dátiles, pasas de uva y castañas. Dentro del grupo de legumbres, los porotos blancos, negros y aduki resultan ser los más alcalinizantes.

Como endulzante preferir la miel de abejas o el azúcar mascabo integral. Usar fermentos alcalinizantes, como el miso, la salsa de soja, el chucrut, los pickles en salmuera, el agua enzimática (rejuvelac), las umeboshi y los germinados en general, incluidas las semillas activadas.

A nivel hierbas, se destacan como alcalinizantes: el diente de león (por suerte es una "plaga" a lo largo y ancho del país), la bardana, la ortiga, la congorosa, el incayuyo y el té verde. También hay hierbas de marcado efecto depurativo como el mil hombres, el palo azul, la espina colorada, la ulmaria o la zarzaparrilla.

Todo esto no quiere decir que debamos dejar totalmente de lado los alimentos "acusados" como acidificantes; simplemente debemos ingerirlos balanceados por los alcalinizantes. Por cierto que el exceso de alimento es causa de acidificación corpórea; una razón más para buscar la frugalidad en base a alimentos “íntegros”, que con escaso volumen satisfacen las necesidades básicas. Algo difícil de lograr cuando nos alimentamos con calorías “vacías” de contenido nutricional, o cuando el alimento se convierte en una descarga emocional o, peor aún, en una adicción.

Extraído del libro "Nutrición Depurativa"-Nestor Palmetti